Conozco a la perfección las empresas de Tarot que funcionan mediante el sistema de líneas 806. Sé lo que son. Para empezar, contratan a una mujer u hombre que diga que sabe "echar cartas", le ponen a trabajar cinco días a la semana por un sueldo de 700 euros (poco más de 100.000 pesetas, que es lo que se ganaba hace diez años), le encierran en un sótano generalmente insaluble durante 8 horas diarias en las cuales sólo tiene 20 minutos para descansar (incluídas sus necesidades elementales y la comida), le hacen contratos basura, le exigen trabajar fines de semana por el mismo sueldo (esto cuando no forma parte de las condiciones de admisión), y sobre todo -que es lo peor- es que le exijen unas medias de llamada no inferiores a los 20 minutos, con los cual el empleado se ve obligado a mentir para conservar el puesto de trabajo, con pleno consentimiento de la empresa. Ésta trabaja las 24 horas del día, mientras los dueños se lo pasan de vacaciones seis meses al año, y el resto lo dedican a la especulación financiera en paraísos fiscales, o a la creación de canales privados de televisión que recaudan millonadas en publicidad gracias al sexo virtual y a la colaboración de ciertas "brujas" famosas con nombres de lo más horteras y cazurros.

Hay quienes objetan que se gastan una millonada en publicidad. Es verdad. Sin embargo, la cada vez mayor proliferación de líneas 806 hace pensar que la inversión les compensa, y con creces. A quienes no les compensa es, por supuesto, a sus empleados. Para empezar, en este tipo de empresas el clima suele ser hostil. Desde el principio se rechaza de plano a los tarotistas, que son fuerza de trabajo explotada , manipulable y descartable, y muchas veces hasta se llega a humillarles, como si el trabajo de tarotista fuera una payasada (la gran mayoría, insisto, no son más que teleoperadores con mucho morro y mucha desesperación) . Es decir: la empresa quiere ganar dinero -mucho dinero- a plena conciencia de que toda su infraestructura está basada en el timo. Muy fuerte. Y para colmo, los encargados o supervisores del plantel tarótico suelen ser gente no cualificada moral e intelectualmente, que se ha ganado el puesto a base de trepar. Ninguno de ellos es feliz, y se percibe. No se puede trabajar mucho tiempo en un ambiente como ése, a menos que te encante mentir o seas completamente impermeable a la miseria humana.

Las empresas de Tarot 806 –sea mediante un canal privado, sea por Internet, sea por lo que sea- son una estafa.

Caso bien distinto es el de los tarotistas que trabajan en gabinete propio. Lo haces porque quieres, porque es tu vocación, los precios son asequibles (incluso puedes llegar a un acuerdo mutuo con el cliente) y, por supuesto, puedes reservarte el derecho de admisión.

Según mi experiencia, algunas empresas virtuales que contratan tarotistas y astrólogos profesionales con gabinete en casa, son cosa bien distinta. El cliente, desde luego, tiene que pagar, pero sabe de antemano con quién va a hablar y puede elegir al profesional, con lo cual siempre o casi siempre hay un seguimiento del caso. No es una cuestión de dinero, sino de ética. El tarotista se maneja con libertad y no está presionado. No se exijen medias y hay flexibilidad de horarios, metas y los directivos son respetuosos.

En un orden de cosas, lo triste de las empresas 806 es lo siguiente:
.Que cometen estafa;
.Que generan un cierto tipo de cliente susceptible a ser engañado;
.Que crean adicción entre este tipo de clientes, muchos de los cuales padecen enfermedades mentales y prefieren comprar una ilusión que visitar a un psicólogo.

Y lo más importante:

Que desvirtúan la verdadera meta del Tarot, que es la sanación, fomentando la ignorancia que se tiene al respecto, y sobre todo, publicitando la superchería.